DISCURSO – ¿A QUIÉN ME GUSTARÍA PARECERME?
“Yo de mayor quiero ser como mi papá o mi mamá”. Puede que nosotros mismo, siendo pequeños, hayamos pronunciado una frase similar a ésta. Y es que, nuestros padres, en gran parte de nuestra vida, o en toda ella, son un referente para nosotros. El espejo donde mirarnos.
¿Es tan importante este espejo? Vamos a verlo en la Biblia, en el texto de Hebreos 13:7. En el podemos leer:
“Acuérdense de los que los dirigen, quienes les han hablado acerca de la palabra de Dios, y, fijándose en los resultados de su conducta, imiten su fe”.
Nuestra hermana Haley, cita que: “algo que la ayudaba a superar los problemas en la escuela era pensar en alguien a quien admiraba y que le hubiera pasado algo parecido”.
Además, en muchas ocasiones, aquella persona a la que queremos parecernos o admirar, tampoco queremos defraudarle y nos esforzamos por luchar y superarnos día a día.
¿Es una bonita forma de honrar a esa persona, no es cierto? Así, de seguro, nuestro padre o madre, o aquella persona a la que admiraba, se sentirá orgulloso o orgullosa de nosotros. ¿Sabemos quienes también estarán orgullosos de nuestro aguante y de mantenernos firmes? Sí, Jehová y Jesús. ¿Y qué mejor ejemplo que intentar imitar la conducta perfecta del hijo de Dios?
Y es que, dependiendo de la persona a la que tengamos de referente, puede influir en nuestra conducta y en nuestra forma de pensar, como leímos en el texto de Hebreros. Y por tanto, en los resultados que conseguimos.
Dichos resultados, queremos, sobre todas las cosas, que sean aprobados por Jehová, ¿no?
Como bien sabemos, la primera carta a los Corintios en su capítulo 15 y el versículo 33, nos dice que: “No se dejen engañar. Las malas compañías echan a perder las buenas costumbres”.
Somos Testigos de Jehová, cristianos que conocemos la palabra de Dios, estudiamos e intentar imitar la forma en la que piensa nuestro Creador y Padre Supremo, y su hijo perfecto para moldear nuestra conducta. Pero también podemos tener otras influencias en nuestra vida a vida con quienes nos sentimos identificados.
La Biblia nos deja muchos ejemplos de siervos fieles a Dios que enfrentaron problemas muy diversos y complicados. Pueden ser referentes, sí. No obstante, también podemos querer parecernos a personas actuales, que creemos conocer bien, y no está mal.
Sin embargo, tenemos que tener cuidado con las cualidades, y las costumbres de dichas personas para que echemos a perder las buenas costumbres que ya tenemos, y que incluso, quizás no somos del todo consciente de lo bien lo que lo hacemos.
Leamos el texto de Proverbios 13:20, allí dice: “El que anda con los sabios se hará sabio, pero el que se junta con los insensatos acabará mal”.
Si no tenemos cuidado podemos acabar perdidos como vemos en la imagen, en un laberinto vagando por objetivos muy difusos que nunca alcancemos. Y peor aún, perdernos por siempre en sentido espiritual.
Por tanto, para poder ver bien el camino, disponer de ese punto con la vista fijada al frente, al objetivo, sin paredes que bloqueen nuestra visión, sin abalorios que distorsionen nuestra realidad o nos desvíe de nuestras metas, debemos:
Primero: elegir un objetivo específico, no uno general. Por ejemplo, una cualidad que queramos fomentar, desarrollar o fortalecer.
Segundo: podemos observar personas que lo hayan conseguido, dada una situación similar a nosotros, e imitar su ejemplo de aguante y esfuerzo por lograrlo.
Lo anterior, lo podemos conseguir, fijándonos en varias personas que hayan pasado por nuestra situación, y que hemos mencionado a lo largo de este discurso, pueden ser: personas de nuestra edad, amigos o amigas, adultos como nuestros padres o personas de gran experiencia o, personajes bíblicos. A parte, obviamente, de la personalidad perfecta de Jesús y los consejos y forma de pensar de Dios.
Querido hermano, hermana… si eliges bien a quien quieres imitar, más fácil o cerca estarás de las metas que quieras lograr. Serás una persona más sabia, estás imitando sabiduría en tiempos difíciles.







