Con el TEMA: Cómo nos ayuda el libro de Job a dar buenos consejos
Y el TEXTO TEMÁTICO: “Ahora, Job, oye mis palabras, por favor” (JOB 33:1).
Leamos los primeros dos párrafos.
1, 2. ¿En qué situación difícil están Elihú y los tres conocidos de Job?
Están delante de un sufrimiento extremo y desconcertante: Job lo ha perdido todo en muy poco tiempo —bienes, siervos, hijos— y encima está enfermo, cubierto de úlceras y hundido emocionalmente. Llegan con la intención de consolarlo, pero lo que ven los deja sin palabras, literalmente (Job 2:12, 13).
Además, la situación se vuelve más difícil porque el silencio se rompe con un grito de dolor: Job maldice el día de su nacimiento y desea morirse. Eso significa que no solo necesitan “acompañar”, sino ayudar a alguien que está al límite, sin empeorar su estado (Job 3:1-3, 11).
Y ahí entra Elihú también: está escuchando un debate largo y tenso entre Job y sus tres conocidos, con emociones a flor de piel. O sea, tiene que intervenir en un ambiente ya cargado, sin echar más gasolina al fuego y buscando de verdad ayudar (Job 32:2-5).
3. ¿Qué vamos a ver en este artículo?
Vamos a comparar dos formas de aconsejar: el mal ejemplo de Elifaz, Bildad y Zofar, y el buen ejemplo de Elihú. El libro de Job es brillante porque te enseña a distinguir entre palabras “religiosas” que hieren y palabras que sanan (Job 42:7, 8).
También veremos algo muy práctico: que en el relato hay consejos excelentes y otros pésimos, incluso con un trasfondo espiritual peligroso. Elifaz, por ejemplo, llega a basarse en una experiencia influida por un espíritu malo, mientras que Elihú habla en armonía con Jehová (Job 4:12-16; Job 33:24, 25).
Y el objetivo final es aplicarlo: cómo usar estas lecciones cuando tengamos que aconsejar a alguien hoy. No para “ganar” una conversación, sino para consolar, edificar y acercar a la persona a Jehová (1 Corintios 14:3).
4. ¿Por qué los tres conocidos de Job no consiguieron consolarlo? (Vea también la imagen).
Primero, porque sacaron conclusiones precipitadas: dieron por sentado que Job estaba siendo castigado por algún pecado. Eso, para alguien que ya está destrozado, es como echar sal en la herida: te hace sentir culpable cuando lo que necesitas es apoyo (Job 4:7; Job 11:14).
Segundo, porque sus palabras fueron poco útiles e incluso hirientes. Algunas sonaban profundas, pero eran vacías; otras fueron directamente desconsideradas, como acusarlo de hablar demasiado o insinuar que era tonto. Un consejo sin tacto puede ser peor que el silencio (Job 13:12; Job 8:2; Job 11:12).
Tercero, por el tono: superioridad, sarcasmo, actitud condenatoria. Aunque digas algo cierto, si lo dices como juez y no como amigo, lo normal es que la persona se cierre. Ellos querían demostrar que Job estaba equivocado, no ayudarlo a levantarse (Job 15:7-11).
5. ¿Qué consiguieron Elifaz, Bildad y Zofar con sus consejos?
Lo aplastaron más. En vez de aliviar, aumentaron la carga emocional de Job; por eso él llega a decir que lo están atormentando. Ese es un resultado terrible para alguien que “venía a consolar” (Job 19:2).
Y provocaron que Job se desbalanceara: al sentirse atacado, defendió su reputación, se calentó, y acabó diciendo cosas fuera de lugar. A veces un consejo duro no produce humildad, sino defensividad y más tensión (Job 6:3, 26).
Lo peor es que, sin darse cuenta, terminaron siendo instrumentos del acusador. Satanás quería quebrar a Job, y ellos, con su falta de compasión y su visión torcida, colaboraron con ese objetivo en vez de fortalecer la fe (Job 2:4, 6).
6. ¿Qué es posible que aprendieran los ancianos de Israel del mal ejemplo de Elifaz, Bildad y Zofar?
Que antes de aconsejar o juzgar, hay que escuchar bien y no precipitarse. Jehová estableció jueces para decidir con justicia, y eso exige paciencia, atención y respeto por los hechos (Deuteronomio 1:15-18; 2 Crónicas 19:6).
Que hay que investigar y preguntar, no asumir. Deuteronomio manda investigar a fondo, y eso protege contra errores y contra herir a alguien inocente con una acusación injusta (Deuteronomio 19:18).
Y que el tono importa: tratar con bondad, no con dureza. Si haces que la persona se sienta una molestia, no abrirá su corazón, y entonces no la podrás ayudar de verdad. Jehová mostró especial sensibilidad hacia los vulnerables, y el anciano debía reflejar eso (Éxodo 22:22-24).
7. Además de los ancianos, ¿quiénes en Israel podían aconsejar a otros, y qué podrían aprender del relato de Job? (Proverbios 27:9).
En realidad, cualquiera podía aconsejar: jóvenes o mayores, hombres o mujeres. Jehová espera que el pueblo se apoye, se corrija con cariño y se ayude a acercarse más a él. No es “solo cosa de ancianos” (Salmos 141:5).
Eso encaja con lo que es un amigo de verdad: alguien que fortalece el corazón con consejo y compañía. Proverbios dice que el consejo del amigo alegra el alma; o sea, el buen consejo deja mejor, no peor (Proverbios 27:9).
Por eso el relato de Job es una lección para todos: te enseña qué NO decir cuando alguien está sufriendo. Un amigo puede convertirse en medicina o en martillo, y Job muestra claramente la diferencia (Job 19:2).
8. ¿Qué errores debemos evitar al dar un consejo? (Vea también las imágenes).
Evitar hablar sin conocer los hechos. Antes de aconsejar, hay que entender bien la situación, hacer preguntas y escuchar. Si asumes cosas, puedes acusar injustamente y romper a la persona por dentro (Proverbios 18:13).
Evitar basarnos en opiniones personales o “mi experiencia” como si fuera la verdad. Elifaz muchas veces razonó desde su propia idea y hasta desde relatos que no reflejaban el pensamiento de Jehová. El consejo cristiano tiene que apoyarse en la Palabra de Dios, no en intuiciones (Job 4:8; Job 5:3, 27).
Evitar el tono duro o crítico. Incluso si una frase es cierta, puede destruir si va cargada de desprecio. Jehová dejó claro que los tres no hablaron la verdad sobre él y que dañaron a Job. Así que jamás debemos transmitir que Jehová es irrazonable o que es imposible que ame a la persona (Job 42:7, 8).
9. ¿Por qué seguía Job necesitando ayuda, y cómo se la dio Jehová?
Porque el debate fue larguísimo y se convirtió en una pelea emocional. Después de tantas palabras, Job seguía desanimado, herido y además necesitaba corrección con tacto. El conflicto no lo levantó; lo dejó más agotado (Job 6:3).
Jehová lo ayudó usando a Elihú. Eso enseña que Jehová puede levantar a alguien mediante una persona que habla bien, con equilibrio y con un objetivo limpio. Elihú entra como “aire fresco” en una conversación contaminada (Job 32:2-5).
Y Elihú esperó por respeto, pero no se quedó callado por cobardía. Primero escuchó y luego habló cuando era necesario, recordando que la edad no garantiza sabiduría. Eso es una lección de humildad y de valentía a la vez (Job 32:6, 7, 9).
10. ¿Qué hizo Elihú antes de aconsejar a Job? (Job 33:6, 7).
Primero se controló a sí mismo. Estaba enojado, pero no dejó que el enojo dictara el tono. Esa es una lección clave: si aconsejas desde la ira, casi seguro harás daño aunque digas cosas correctas (Job 32:2-5).
Luego calmó el ambiente: le habló con bondad y le quitó miedo a Job. Le dijo, en esencia: “Soy igual que tú ante Dios”. Eso elimina la superioridad y hace que la persona baje la guardia para poder escuchar (Job 33:6, 7).
Y demostró que había escuchado de verdad: resumió ideas de Job y las citó con precisión. Eso es oro. Cuando alguien sufre, sentirse escuchado es parte del consuelo; y además te permite dar un consejo más acertado (Job 32:11; Job 33:8-11).
11. ¿Cómo aconsejó Elihú a Job? (Job 33:1).
Lo aconsejó con respeto personal: le habló por su nombre, algo que los otros no hicieron. Ese detalle transmite dignidad y cercanía, no frialdad. Es más fácil aceptar corrección cuando sientes que te tratan como persona, no como caso (Job 33:1).
También le dio espacio para responder. No fue un monólogo aplastante: le ofreció la oportunidad de hablar. Eso muestra que su objetivo no era humillar, sino ayudar a que Job razonara y se enderezara (Job 33:32).
Y le recordó verdades sobre Jehová —su sabiduría, poder, justicia, lealtad y amor— sin atacar a Job. Eso preparó el corazón de Job para recibir luego la corrección directa de Jehová. El buen consejo abre puertas, no las cierra (Job 37:23, 24; Job 38:1-3).
12. ¿Cómo utilizó Jehová a los profetas para ayudar a su pueblo, y qué podrían aprender los israelitas del buen ejemplo de Elihú?
Jehová usó profetas para enseñar, guiar y corregir, incluso a veces a personas jóvenes. Por ejemplo, Débora dio guía en tiempos difíciles, y Samuel fue usado desde joven para transmitir palabra de Jehová. Eso enseña que Jehová puede usar a quien él quiera para ayudar (Jueces 4:4-7; 1 Samuel 3:19, 20).
En la época de los reyes, Jehová siguió enviando profetas para fortalecer y corregir cuando la adoración se desviaba. La corrección no era para destruir, sino para rescatar al pueblo del daño espiritual (2 Samuel 12:1-4).
Así que, pensando en Elihú, los israelitas podían aprender el “cómo” de la corrección: hablar con respeto, basarse en Jehová, escuchar primero y buscar el bien del que recibe el consejo. No es corregir por orgullo, sino por amor (Job 33:6, 7).
13. ¿Cómo podemos imitar el ejemplo de Elihú al animar a nuestros hermanos?
Basando lo que decimos en la Biblia y usando palabras que edifiquen. Pablo dijo que el habla cristiana debe animar, consolar y fortalecer. O sea, el objetivo es que la persona salga más fuerte, no más culpable (1 Corintios 14:3).
Cuidando el tono, sobre todo cuando el hermano está alterado o dice cosas sin pensar por estar sufriendo. Job dijo cosas precipitadas en su dolor, y aun así Elihú no lo humilló. Eso enseña paciencia y empatía (Job 6:3).
Y siendo especialmente cariñosos quienes tienen responsabilidad, como los ancianos. La Biblia manda ayudar al débil, ser pacientes con todos y tratar de levantar, no de aplastar. Eso es espíritu de Elihú (1 Tesalonicenses 5:14; Job 33:6, 7).
14, 15. ¿Cómo puede un anciano imitar a Elihú?
Primero, escuchando y haciendo preguntas para entender de verdad. Si una hermana dice “no soy feliz”, el anciano no debe soltar un consejo automático; debe explorar con tacto: ¿culpa? ¿ansiedad? ¿cansancio? ¿heridas? Jesús y Elihú mostraron que entender es parte de sanar (Proverbios 20:5; Lucas 21:34).
Segundo, buscando motivos reales para animar. Por ejemplo, si ella sigue yendo a reuniones y predicando estando deprimida, eso es valentía y fe. Señalar lo bueno no es “adular”; es ayudarle a ver que Jehová ya está viendo su esfuerzo (Hebreos 6:10; 1 Tesalonicenses 5:11).
Tercero, usar la Biblia de forma personal y tierna para convencerla del amor de Jehová. Un texto como Gálatas 2:20 puede tocar el corazón si se aplica bien: Cristo dio su vida por ella, así que su valor está probado. Y todo esto en un tono que no intimide, sino que invite (Gálatas 2:20; Job 33:6, 7).
16. ¿Qué debemos hacer para seguir aprendiendo del libro de Job?
Revisitar el libro con intención práctica. No leerlo solo como historia, sino preguntándonos: “¿Qué me enseña esto sobre Jehová? ¿Qué me enseña sobre aguantar? ¿Qué me enseña sobre aconsejar?” Así el libro se vuelve una herramienta viva (Job 42:1-6).
Repasar sus lecciones antes de aconsejar a alguien. Cuando tengas que ayudar a un hermano, acordarte del mal ejemplo de los tres y del buen ejemplo de Elihú te puede evitar hacer daño sin querer y te guía a hablar con más compasión (Job 42:7, 8; Job 33:6, 7).
Y ponerte la meta de releerlo si hace tiempo que no lo haces. Job sigue siendo valioso hoy porque Jehová lo incluyó para enseñarnos y consolarnos, y porque nuestras pruebas y emociones siguen siendo muy parecidas (2 Timoteo 3:16; Santiago 5:11).
¿Qué cosas que hicieron Elifaz, Bildad y Zofar debemos evitar al dar un consejo?
Evitar conclusiones precipitadas: no asumir que el sufrimiento es castigo de Jehová o que “algo habrá hecho”. Eso puede destrozar a alguien que ya está roto y además puede ser falso (Job 4:7; Eclesiastés 9:11).
Evitar palabras vacías, hirientes o un tono de superioridad. El consejo no es para lucirte ni para ganar una discusión. Si la persona se siente juzgada, se cerrará y el daño será mayor (Job 19:2; Job 15:7-11).
Evitar presentar una imagen torcida de Jehová. Jehová dijo que esos hombres no hablaron la verdad sobre él. Un consejo que pinta a Jehová como irrazonable o incapaz de amar es peligroso y no debe salir de nuestra boca (Job 42:7, 8).
¿Cómo podemos imitar a Elihú al dar un consejo?
Escuchando primero con paciencia y demostrando que entendimos, sin interrumpir con soluciones rápidas. Elihú resumió lo que Job decía y habló con base, no con suposiciones (Job 32:11; Job 33:8-11).
Cuidando el tono y eliminando la superioridad: “yo soy igual que tú ante Dios”. Eso calma, abre el corazón y hace que la corrección sea digerible (Job 33:6, 7).
Y basando el consejo en verdades sobre Jehová: su justicia, amor, sabiduría y poder, para que la persona no se quede mirando solo su dolor. El buen consejo te acerca a Jehová, no te aleja (Job 37:23, 24; 1 Corintios 14:3).
¿Qué debemos hacer para seguir aprendiendo del libro de Job?
Volver a leerlo y repasar sus lecciones con regularidad, buscando aplicación práctica para nuestras pruebas y para cómo tratamos a los demás. No es un libro para “una vez y ya”, es para crecer (2 Timoteo 3:16).
Usarlo como guía antes de aconsejar: evitar el modelo de los tres y copiar el de Elihú. Eso nos ayuda a que nuestras palabras curen y no hieran (Job 42:7, 8; Job 33:6, 7).
Y mantenerlo presente cuando suframos o cuando alguien cercano sufra: Job te recuerda que Jehová es justo, que el sufrimiento no siempre es culpa personal, y que la integridad vale muchísimo para Jehová (Job 34:12; Santiago 5:11).







