A – Publicador/a
Buenas tardes. Muchas gracias, disculpe, una pregunta… ¿las garbanzas llevarían morcilla?
B – Persona
No, no lleva, le anoto una ración. Sobre el segundo, ¿cómo quiere el punto de la carne?
A – Publicador/a
Bien hecho o al punto, sin que tenga sangre.
B – Persona
Perfecto, muchas gracias. Veo que no le gusta la sangre.
A – Publicador/a
No es una cuestión de gustos. Sino que, más bien, tengo una valoración diferente de la importancia de la sangre.
B – Persona
¿Sabe usted? Realmente hay que tener cuidado con el punto de cocinado de los alimentos. Además, aunque no se habla mucho de ello, la sangre puede contener enfermedades que se transmiten… ¿es por eso?
A – Publicador/a
Tiene usted razón con lo que dice. Es un buen argumento, aunque personalmente es más por mis creencias religiosas. Digamos que le damos a la sangre un valor especial, es lo que nos da la vida y la respeto de forma particular.
B – Persona
Quizás la próxima vez que venga a almorzar me puede hablar más sobre ello…
A – Publicador/a
Claro, la próxima semana le traigo una información que habla sobre la sangre para que pueda entender mi punto de vista…







