A – Publicador/a
Muy buenas tardes, Angélica, ¿cómo se encuentra? ¿Me recuerda? Hablamos un poquito la semana pasada sobre un tema de interés, dándole un punto bíblico…
B – Persona
Ah sí, cierto… Marta, ¿no? La verdad que el tema de conversación fue muy interesante, y me gustaría indagar un poco en ello pero mírame… ahora mismo me has código arreglándome que tengo que ir a buscar a mi marido al aeropuerto.
A – Publicador/a
Sí, veo que vas con prisas… entonces será mejor que lo comentemos otro día que estés con más calma. Es paradójico, y muy práctico… me refiero al tema del que hablamos… es decir, que vivimos nuestras vidas a un ritmo tan alto, tan frenético en nuestro día a día, que a veces no nos paramos a valorar los buenos momentos…
B – Persona
Sí, si es que vivimos casi por inercia la mitad de nuestro tiempo. Todo el día corriendo, hasta que llega la noche y estás agotada. Y así se nos van los días, meses, años…
A – Publicador/a
Totalmente. Bueno, aunque no hayamos podido hablar bien, me alegro haberte encontrado en casa y que, al menos, me hayas atendido…
B – Persona
Sí, por favor, saqué algunas conclusiones de lo que hablamos el otro día… quizás otro día podemos coincidir y compartir impresiones.
A – Publicador/a
¿Qué tal si me dejas tú número, y la próxima vez, antes de pasarme, te escribo para ver si estás menos ocupada?
B – Persona
Ah, vale, genial… anota…







